La elaboración del duelo es una de las cosas más duras por las que pasa el ser humano. Casi todo el mundo a lo largo de su vida sufrirá varias pérdidas que deberá elaborar: despedirse de la persona u objeto querido, aceptar la pérdida y continuar con su vida. A este proceso se le denomina duelo.

Las situaciones de duelo son variadas y van desde el fallecimiento de un ser querido, la separación o divorcio, la amputación de un miembro, el despido laboral…En este artículo nos vamos a centrar más en la defunción de un familiar o persona cercana, aunque las fases del duelo son las mismas en los demás casos. Por otro lado ante el fallecimiento de un ser querido tomamos conciencia de nuestra vulnerabilidad y de que no vamos a vivir para siempre.

Fases del duelo

El proceso de duelo se desarrolla en varias fases que van desde:

  • La negación: a la persona le cuesta asimilar la pérdida, hay un rechazo de la situación y de la realidad, la gente lo verbaliza como: “tengo la sensación de que voy a despertar y será una pesadilla” o todavía no me lo creo”. Se da en los primeros momentos y la duración depende de lo inesperado que sea la pérdida.
  • Dolor y rabia: por la situación, anhelando el objeto o persona perdida, y sentimientos de rabia porque nos ha dejado, hay expresiones de cólera, enfado, llanto, insomnio.
  • Tristeza: hay momentos de depresión y sentimientos de desesperanza.
  • Aceptación: y reorganización de la situación. Se rompen vínculos con el difunto o el objeto perdido y la persona vuelve a organizar su vida. A veces sobre todo en el duelo patológico cuesta llegar a esta fase sobre todo en el fallecimiento de un ser muy querido porque se vive como una traición al fallecido, es el temor a que si uno pasa página va a olvidar a la persona querida y no lo recordará nadie más, desaparecerá. Esto no es así siempre se recordará a alguien querido, pero sin dolor y de forma serena.

El duelo normal dura entre uno y dos años y durante este periodo a veces uno tiene la sensación de que la persona fallecida está presente, en otras ocasiones se viven momentos de profunda soledad, de vulnerabilidad, dependiendo de la relación de cercanía con el difunto, en ocasiones se hace una tarea muy dura y dependiendo de la fortaleza psíquica de cada uno se puede llegar a enfermar física y psicológicamente.

¿Qué factores afectan a la realización del duelo?

  • La relación familiar y el grado de cercanía y parentesco con la persona fallecida.
  • Edad a la que se sufre la pérdida, una persona adulta tiene por lo general más recursos personales para afrontar la situación que un menor.
  • Variables personales: si la persona es dependiente o independiente emocionalmente, si es introvertida o extrovertida, si es o no activa…
  • Circunstancias de la pérdida: es decir si se esperaba el desenlace o no, si se veía venir la persona se va haciendo a la idea, no es lo mismo un fallecimiento repentino que tras una larga enfermedad, o una separación cuando la relación era conflictiva…
  • Variables sociales: apoyo y ayudas familiares, situación económica en que queda la persona, si hay cargas familiares, posibilidades de rehacer su vida con más o menos dificultad.

¿Qué se puede hacer para facilitar la elaboración del duelo?

Lo primero es aprender a lo largo de la vida a adaptarse a las “pequeñas pérdidas” y permitirse ser conscientes de la tristeza que se siente  cuando uno se muda de casa, se va un amigo a vivir lejos, se cambia el coche, se muere una pequeña mascota como un pájaro o pez, no hacer como si no pasara nada, se debe hablar de la situación si hay niños además explicarles con palabras que comprendan el significado de la muerte y su lugar en la vida, realizar un pequeño ritual como un dibujo de la mascota, plantar una platita en su recuerdo, etc.., así se prepararan para futuras pérdidas.

El funeral, el entierro, la visita a la tumba o cualquier acto o ritual que suponga despedirse del difunto ayudan a la posterior elaboración del duelo. Si la persona es muy cercana, los niños también deben participar en alguno de estos actos porque ellos también deben despedirse del fallecido, es una experiencia que debe compartir toda la familia ya que todos sienten dolor. Al explicar a los niños la pérdida según las creencias de cada uno hay que dejarles bien claro que no van a volver a ver a la persona fallecida.

Pensar en lo que se está sintiendo y escribirlo o expresar el sentimiento de alguna otra forma como pintando, cuidando el jardín,…

Descargar el estrés haciendo deporte o ejercicio físico generará endorfinas que son antidepresivos naturales.

Confiar en los demás y compartir las cargas con ellos, dejarse ayudar.

¿Cuáles son las pérdidas más significativas?

Las pérdidas más significativas son las de un hijo y un progenitor.

El duelo por la muerte de un hijo es muy complicado de realizar ya que la proyección de futuro y perpetuación de los padres se ven cercenados. Esta situación causa tal caos en la pareja que a veces culmina en divorcio, sobre todo cuando el hijo es pequeño. Es muy habitual tras esta circunstancia tener otro hijo. El nuevo hijo puede ayudar a los padres en la elaboración de su pérdida, pero hay que procurar que no sea un sustituto del hijo perdido y tenga su propio lugar, en la familia. Es importante también ayudar a elaborar el duelo a los hermanos.

El impacto por la muerte de uno de los padres dependerá de la edad, su nivel de desarrollo, las características personales de los hijos. En el caso de los niños pequeños algún miembro de la familia debe ocupar el rol del progenitor fallecido ya que la función que cumplen el padre y la madre son fundamentales para el desarrollo evolutivo del menor.

Otra pérdida muy dolorosa de elaborar es la de la pareja sobre todo si llevan toda la vida juntos y han tenido una buena relación.

¿Cuándo se considera un duelo patológico?

Cada persona tiene su forma de afrontar el dolor y la tristeza y requiere su tiempo para elaborar el duelo aunque lo normal es que se pase por las fases antes descritas, pero hay ocasiones en que la persona no supera la pérdida, cuando es así hablamos de duelo patológico que según Bowbly puede adoptar tres formas:

  • Duelo crónico: la persona no sale del estado depresivo, además de manifestaciones de cólera e ira, autoreproche y falta de pena.
  • Ausencia de aflicción: la persona sigue su vida como si nada hubiese pasado, deshaciéndose de los recuerdos y cosas del difunto, aparecen síntomas somáticos y psicológicos hasta caer en una depresión.
  • Euforia: la persona niega la pérdida o muestra alegría.

Pero también se puede observar:

  • La persona no se muestra a gusto con nadie de su entorno y muestra aislamiento.
  • Dejan las cosas del fallecido como están, guardándole aún el sitio.
  • Manifiestan poco interés por la vida, e ideas de suicidio.
  • Hay sentimientos de culpa.
  • Abuso de sustancias.
  • Incapacidad para funcionar en el día a día, dificultades para conservar el trabajo, realizar las tareas domésticas, cuidar de los hijos.

Ante estas circunstancias la persona debe acudir a un profesional que le ayude a superar la situación de pérdida. El psicólogo puede acompañar en un proceso que es muy doloroso para la persona como es el duelo, aunque éste no sea patológico, pero si el duelo no sigue su proceso normal por el bien de la persona y de su entorno es necesario acudir al psicólogo.