Si hay una tarea complicada en la vida ésta es la de educar a los hijos, porque a los padres les surge el temor de no hacerlo correctamente, causarles un trauma…etc.  A lo largo de nuestra experiencia tanto profesional como vital hemos aprendido esta  fórmula:

Firmeza +Afectividad + Paciencia (FAP).

Firmeza+Afectividad+Paciencia debe estar presente desde el comienzo, aunque durante el primer año debe haber más afectividad y paciencia y a lo largo del segundo año de vida el orden puede variar según las circunstancias.

Pero cuando nos acercamos a la etapa de la oposición o etapa del no, alrededor de los 2-3 años, momento en el que el bebé pasa a ser un niño porque ya camina, es capaz de hablar o comunicarse, controla esfínteres o está en ello , es la etapa en la que deja de depender totalmente del adulto y es autónomo, busca su crecer, busca su independencia y esto lleva a la confrontación, es la etapa de las rabietas en la que quiere imponer su voluntad, aquí es importante que el orden sea FAP, porque al niño le surgen dudas igual que quiere ser mayor y seguir hacia adelante le resulta atractivo continuar siendo un bebé ya que a veces no se da cuenta de los recursos emocionales de los que dispone y necesita un adulto firme al que no pueda manejar y que no se agobie con sus pataletas.

Esta etapa es fundamental porque aquí va a quedar clara la autoridad (entendida como guía de un proceso no como autoritarismo) de los padres.

Para mantenernos firmes en nuestras decisiones  procuraremos no chillarles ni recurrir al castigo, solo demostrarles que no van a salirse con la suya y que a ellos puede no parecerles bien lo que les pedimos pero deben cumplirlo. Ésta es una trampa en la que suelen caer los padres ya que quieren que sus hijos vean las cosas con los mismos ojos que ellos y los niños ni son una parte nuestra ni un objeto de nuestra propiedad, son  personas y pueden pensar y tener criterios diferentes a los nuestros, pero en casa hay unas normas y unos valores y ellos deben cumplirlos.

Nunca les diremos: “me has enfadado, eres malo y no te quiero”. Les queremos incondicionalmente aunque a veces no hagan las cosas como nosotros pretendemos  aquí estamos para corregirles y guiarles.

Y por supuesto que para contener sus rabietas hace falta mucha dosis de paciencia, pero si nos mantenemos tranquilos podemos desviar su atención hacia otro tema. Cuando son pequeños esto es más sencillo, también depende de los niños, pero todos aprenden que si los padres se mantienen firmes no van a salirse con la suya,  con ello primero aprenden a interiorizar el no, aumenta su capacidad de frustración  y les da seguridad porque saben que cuentan con adultos fuertes que contendrán sus momentos de agobio a lo largo de todo su crecimiento.